Augusto Casafranca y Ana Correa en Adiós Ayacucho
Historia, lenguaje escénico y trascendencia de Adiós Ayacucho, obra de Yuyachkani interpretada por Augusto Casafranca con música de Ana Correa.
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Adiós Ayacucho es una de las creaciones más emblemáticas del Grupo Cultural Yuyachkani. Estrenada en 1990, adapta el relato homónimo de Julio Ortega mediante la versión y dirección de Miguel Rubio Zapata. El unipersonal es interpretado por Augusto Casafranca, con acompañamiento musical de Ana Correa.
La historia de Alfonso Cánepa
El protagonista es Alfonso Cánepa, dirigente campesino ayacuchano asesinado y desaparecido durante la violencia política de los años ochenta. Sin un cuerpo completo que pueda ser enterrado, emprende un viaje simbólico hacia Lima para reclamar sus restos y dirigirse al poder que le negó justicia.
La situación es dolorosa, pero la obra no se limita al lamento. Cánepa toma la voz y el cuerpo de un danzante Q’olla. Humor, música, ritual y denuncia conviven, haciendo posible que el personaje narre lo ocurrido sin quedar reducido a una víctima silenciosa.
El lenguaje escénico de Yuyachkani
La puesta utiliza pocos objetos: prendas, flores, velas e instrumentos construyen un espacio de velación y tránsito. El cuerpo del actor cambia de edad, estado y personaje; la música interviene como presencia dramática, no como simple fondo.
Yuyachkani ha desarrollado un teatro que dialoga con danzas, máscaras, fiestas y memorias del Perú. En Adiós Ayacucho, esos recursos permiten relacionar una historia individual con miles de desapariciones ocurridas durante el conflicto armado interno.
Primera mirada audiovisual: la voz de Casafranca
Augusto Casafranca explica la experiencia de encarnar a Cánepa y la permanencia de la obra. Su testimonio revela cuánto trabajo físico, investigación y responsabilidad ética requiere sostener un personaje durante décadas.
Ana Correa y la dimensión sonora
Ana Correa acompaña la acción con música y presencia escénica. Los sonidos articulan duelo, desplazamiento y memoria; también conectan la representación con formas rituales andinas. Actor y música producen juntos el ritmo del relato.
La colaboración evita que el unipersonal sea entendido como trabajo solitario. Detrás del intérprete existe una creación grupal compuesta por dirección, dramaturgia, investigación corporal, diseño y escucha colectiva.
Segunda mirada audiovisual: el Día Mundial del Teatro
El video recuerda el origen de la celebración del 27 de marzo. Vincular esa fecha con Adiós Ayacucho destaca una función esencial del teatro: reunir a una comunidad para mirar su historia, interrogar el presente y reconocer experiencias que no deben olvidarse.
El Ojo que Llora y el espacio de memoria
La representación junto al monumento El Ojo que Llora, obra de Lika Mutal, crea un diálogo entre teatro, escultura y memoria pública. El espacio conmemora a víctimas de la violencia y transforma la función en un acto que excede los límites convencionales del escenario.
En ese contexto, el viaje de Cánepa adquiere una resonancia concreta. La ausencia de sus restos se relaciona con familias reales que todavía buscan verdad, reconocimiento y posibilidad de duelo.
Trascendencia cultural
La permanencia de Adiós Ayacucho durante más de tres décadas demuestra que una obra puede conservar actualidad sin quedar inmóvil. Cada nueva función dialoga con otro público y con nuevas discusiones sobre justicia, memoria y derechos humanos.
Su trascendencia nace de una unión precisa entre forma y contenido. Casafranca, Correa, Rubio y Yuyachkani crearon una pieza poética y política capaz de denunciar la violencia mientras devuelve al desaparecido voz, humor, dignidad y presencia.


