José María Arguedas: testimonio literario, lengua y mundo andino
Vida, obra y pensamiento de José María Arguedas, con una lectura contextual de su conferencia Testimonio literario, pronunciada en 1966.
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José María Arguedas Altamirano nació el 18 de enero de 1911 en Andahuaylas, Apurímac, y murió el 2 de diciembre de 1969 en Lima. Fue narrador, poeta, antropólogo, etnólogo, traductor, docente y funcionario cultural. Su obra cambió la literatura peruana porque no trató el mundo andino como un paisaje ajeno: lo expresó desde el conocimiento de sus lenguas, afectos, conflictos y formas de comprender la naturaleza.
El 24 de septiembre de 1966, ante estudiantes de la Universidad Nacional Federico Villarreal, Arguedas ofreció una conferencia conocida como Testimonio literario o Motivaciones del escritor. Allí relacionó su infancia, su vocación y sus libros, y reflexionó sobre la esperanza y el desencanto en distintas generaciones de autores peruanos. Aquella intervención permite escuchar al escritor interpretando su propia trayectoria, pero también exige leerla dentro de su tiempo.
Una infancia entre el desamparo y la comunidad
La madre de Arguedas, Victoria Altamirano Navarro, murió cuando él tenía dos años y medio. Su padre, Víctor Manuel Arguedas Arellano, era abogado y juez itinerante. Tras un segundo matrimonio paterno, José María vivió en Lucanas bajo la autoridad de una madrastra y un hermanastro que lo maltrataron. En ese ambiente encontró cuidado entre los trabajadores indígenas de la casa y aprendió el quechua durante la niñez.
Esta experiencia no debe reducirse a la fórmula de un niño situado entre dos mundos incomunicados. Arguedas conoció un Perú de relaciones desiguales, pero también de intercambios constantes. Aprendió que el quechua no era solamente un instrumento para nombrar objetos: contenía música, memoria, vínculos comunitarios y una forma de percibir ríos, montañas, animales y seres humanos.
En 1921 escapó con su hermano Arístides hacia la hacienda Viseca. Los años vividos allí fortalecieron su relación con la cultura de las comunidades andinas. Más tarde acompañó a su padre por distintas ciudades y pueblos. Esos desplazamientos ampliaron su conocimiento de un país fragmentado por el racismo, la explotación y las distancias geográficas.
Estudios, prisión y vocación docente
En 1931 ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde estudió Letras y luego Etnología. En 1937 participó en una protesta estudiantil contra la visita de un representante del fascismo italiano. Fue encarcelado en El Sexto, prisión limeña en la que convivían delincuentes comunes y presos políticos. Esa experiencia se convertiría años después en materia de la novela El Sexto.
Entre 1939 y 1941 enseñó castellano y geografía en el Colegio Nacional Mateo Pumacahua de Sicuani. No entendía la escuela como un lugar donde reemplazar una cultura por otra. Animaba a sus alumnos a recopilar relatos, canciones, costumbres e historia oral de sus comunidades. Su pedagogía vinculaba lectura, creación y reconocimiento de la identidad local.
La docencia continuó en colegios de Lima y en las universidades de San Marcos y La Molina. Enseñar e investigar fueron para él tareas conectadas: conocer el país exigía escuchar a sus habitantes y reconocer la inteligencia presente en sus prácticas culturales.
El desafío de escribir el mundo quechua en castellano
Arguedas afrontó un problema literario central: ¿cómo transmitir en castellano una sensibilidad formada en quechua sin convertirla en una curiosidad folclórica? Su solución no consistió en traducir palabra por palabra. Transformó el ritmo, la sintaxis, las imágenes y la voz narrativa del castellano para hacer perceptible otra experiencia cultural.
En Agua (1935), su primer libro de cuentos, aparecen la violencia de los poderes locales y la resistencia comunal. Yawar Fiesta (1941) presenta el conflicto alrededor de una corrida andina y cuestiona la idea de que modernizar significa borrar prácticas locales. Los ríos profundos (1958) reúne formación personal, memoria, naturaleza y conflicto social en la mirada del adolescente Ernesto.
Su lenguaje no busca una fusión sin diferencias. Mantiene las tensiones entre castellano y quechua, ciudad y campo, hacienda y comunidad, tradición y modernización. Por eso su narrativa continúa ofreciendo una lectura compleja del Perú.
Del relato autobiográfico al país entero
La obra de Arguedas amplió progresivamente su escala. El Sexto (1961) trasladó la acción a la cárcel y examinó ideologías, violencia y solidaridad. Todas las sangres (1964) intentó representar un país completo atravesado por comunidades indígenas, terratenientes, capitales nacionales y empresas transnacionales.
La novela provocó un intenso debate en 1965. Algunos científicos sociales cuestionaron su representación del Perú contemporáneo. Arguedas recibió esas críticas como una impugnación profunda de su conocimiento del país. Sin embargo, la obra conserva valor como proyecto artístico y como interrogación sobre las fuerzas que disputaban el rumbo de la sociedad peruana.
Su última novela, El zorro de arriba y el zorro de abajo, fue publicada póstumamente en 1971. Ambientada en el puerto industrial de Chimbote, muestra migración, explotación, crecimiento económico y transformación cultural. Los relatos míticos dialogan allí con fábricas, mercados, barriadas y nuevas formas de habla.
El Testimonio literario de 1966
La conferencia de 1966 no fue una biografía ordenada ni una clase académica convencional. Arguedas habló de manera confesional ante jóvenes y relacionó recuerdos infantiles con personajes y episodios de sus novelas. Explicó cómo experiencias de violencia podían convivir con el afecto recibido de la comunidad y cómo esa mezcla alimentó su vocación.
También comparó su generación con autores más jóvenes, entre ellos Mario Vargas Llosa, Julio Ramón Ribeyro y Oswaldo Reynoso. Creía encontrar en parte de la nueva narrativa una visión más amarga y menos confiada en la transformación colectiva. Sus opiniones pertenecen al clima político de los años sesenta y no deben tomarse como un juicio definitivo sobre aquellos escritores.
La idea más fértil de la conferencia es que la literatura ofrece un testimonio, no porque copie mecánicamente la realidad, sino porque revela la relación de un autor con su época. Arguedas se preguntaba qué fuerzas podían convertir el dolor y la indignación en una esperanza creadora, en lugar de conducir a la esterilidad.
Antropólogo, recopilador y traductor
La producción de Arguedas excede ampliamente la ficción. Investigó fiestas, música, danzas, mitos, artes populares y procesos de cambio cultural. Recopiló cantos y relatos quechuas y ayudó a demostrar que la cultura andina no era un resto inmóvil del pasado, sino una realidad capaz de apropiarse de elementos modernos y transformarlos.
Entre sus aportes sobresale la traducción al castellano del manuscrito colonial conocido como Dioses y hombres de Huarochirí, publicada en 1966. El texto conserva narraciones sobre divinidades, comunidades y territorios de los Andes centrales. Al hacerlo accesible a nuevos lectores, Arguedas vinculó filología, antropología y sensibilidad literaria.
También prestó atención a la música como conocimiento. Cantos, huaynos y danzas no eran adornos para sus estudios, sino archivos vivos de experiencia histórica y emoción colectiva.
Gestión cultural y servicio público
Arguedas trabajó en la Sección de Folklore y Artes Populares del Ministerio de Educación y en el Museo de la Cultura Peruana. Fue director de la Casa de la Cultura del Perú entre 1963 y 1964, y del Museo Nacional de Historia entre 1964 y 1966. Desde esas instituciones promovió investigación, publicaciones y una comprensión más amplia del patrimonio.
Su trayectoria demuestra que no fue solamente un creador solitario. Organizó archivos, impulsó revistas, enseñó y defendió la presencia de las culturas populares e indígenas dentro de las instituciones nacionales.
Video: una biografía para comprender su recorrido
Este episodio de Sucedió en el Perú, producido por TVPerú, reconstruye la vida de Arguedas mediante documentos, lugares y voces de especialistas. El programa ayuda a conectar su infancia, su formación universitaria, la docencia y la creación literaria. Es especialmente útil para comprender que cada novela nació de una investigación sostenida sobre el país y no únicamente de recuerdos personales.
Video: la voz de Arguedas en la conferencia de 1966
Esta grabación conserva la conferencia Motivaciones del escritor, pronunciada en la Universidad Nacional Federico Villarreal en 1966. Su valor es documental: permite reconocer el tono, las pausas y la emoción con que Arguedas enlaza vida y literatura. Más que sustituir la lectura de sus obras, la intervención abre una puerta para entender cómo el propio autor interpretaba el origen de sus personajes y su responsabilidad frente al Perú.
Últimos años y muerte
Arguedas padeció episodios graves de depresión durante buena parte de su vida adulta. El 28 de noviembre de 1969 se disparó en su oficina de la Universidad Nacional Agraria La Molina y murió el 2 de diciembre, a los 58 años. Tratar este final con respeto implica no convertirlo en la explicación total de su obra.
Sus escritos finales contienen dolor, pero también trabajo, vínculos, música y una reflexión intensa sobre el futuro. La publicación póstuma de El zorro de arriba y el zorro de abajo dejó a los lectores ante una novela abierta y difícil, donde la crisis personal se relaciona con una sociedad en transformación.
Logros y legado
La importancia de José María Arguedas puede reconocerse en varios aportes duraderos:
- Renovó la narrativa indigenista al construir voces y formas literarias desde un conocimiento interior del mundo quechua.
- Transformó el castellano literario para comunicar ritmos, imágenes y relaciones nacidas en otra lengua.
- Documentó patrimonio vivo mediante investigaciones sobre música, relatos, danzas, fiestas y arte popular.
- Vinculó creación y antropología, demostrando que ambas podían iluminar dimensiones distintas de una misma sociedad.
- Defendió la diversidad cultural del Perú sin negar sus conflictos, desigualdades ni procesos de cambio.
Leer hoy a Arguedas significa escuchar un país plural que todavía discute cómo convivir sin borrar sus diferencias. Su obra no propone regresar a un pasado idealizado. Invita a imaginar una modernidad en la que las culturas andinas participen como fuerzas creadoras y no como objetos destinados a desaparecer. En esa aspiración reside la vigencia de su testimonio literario.


